En mis años de bachiller comentaba mi profesor de Historia que no pocas personas, ya ancianas, debían buena parte de sus escasos conocimientos geográficos a las crónicas que sobre las guerras mundiales publicaban los diarios de la época.
Algo parecido nos está pasando a nosotros que, sin aviso previo, hemos tenido que familiarizarnos con palabras tan remotas y sonoras como Zliten, Sirte, Gharyan, Ras Lanuf o la misma Benghassi. La última en incorporarse a la lista es Bani Walid, una ciudad en pleno desierto libio donde las tropas del Coronel Gadafi parecen estar dispuestas a dar su canto del cisne.
Esta es una ciudad que desde el comienzo se mantuvo fiel al régimen, aunque en realidad no sepamos qué piensa de verdad la población civil local. Sin entrar a valorar en profundidad las causas por las que Bani Walid determinó sus afectos, sí parece fuera de toda duda que por algún motivo la pequeña ciudad arenosa había sido previamente bendecida por el gobierno de Trípoli.
Antes del estallido del conflicto Bani Walid iba a acoger un complejo universitario de vanguardia, de una escala a todas luces desproporcionada para la dimensión real de la ciudad, suponemos que destinado a acoger estudiantes de las comunidades circunvecinas. Como nota interesante el estudio al que se adjudicó la obra en 2008, RMJM, es una oficina especializada en centros educativos con sede en los Estados Unidos. De hecho fue el primer estudio americano en recibir un encargo en Libia desde el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países en 2006.
El centro, integrado dentro de la renombrada -por el cambio de nombre- Universidad de Misurata es ciertamente descomunal en sus dimensiones; basten algunas cifras: 110.000m2 construidos en una extensión de 50 hectáreas, y todo ello para un total estimado de tan sólo 3.250 alumnos.
La planificación general de tan vasto espacio se resuelve con grandes bloques que se cruzan dando lugar a formas angulosas, afirman que evocadas por las caprichoso aspecto de la rosa del desierto, una formación natural típica de entornos de extrema aridez. Esta conveniente metáfora les es de utilidad a la hora de darle un nuevo giro a la prototípica sucesión de bloques en paralelo que hemos visto en otros campus de nueva planta[1].
Asimismo, los ángulos agudos ofrecen la oportunidad de recrear espacios de acogida interiores, refugiados del duro entorno con una gran celosía cenital. Gesto que denota una preocupación bioclimática, insuficiente no obstante para desdibujar el dominante esquema de encapsulamiento en salas climatizadas.
Poco se sabe sobre el estado de las obras, que deberían estar concluidas en diciembre de 2011. No obstante, resultará interesante conocer el recorrido que tendrán toda vez que los gadafistas sean un recuerdo del pasado. La nueva libia tendrá que hacer un buen uso de sus recursos tras la guerra y priorizar sus inversiones, será ése el momento de comprobar la magnanimidad de los vencedores.
[1]Un modelo representado en Sevilla con la antigua Universidad Laboral, que hoy acoge la UPO.



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