sábado, 4 de octubre de 2008

¿Te hace un Terragni?

Para conocer la obra de un arquitecto célebre de nuestro tiempo no tenemos más remedio que embarcarnos en tortuosos viajes con destinos, en no pocos casos, en continentes distintos. Esto convierte para el común de los mortales en virtualmente (no se tome aquí al pie de la letra) imposible llegar a conocer el grueso de la obra de uno de estos arquitectos de una sola tacada. En este sentido las ciudades han sustituido definitivamente a los arquitectos como motor del viaje en arquitectura.

Con toda seguridad el arquitecto de renombre merecedor del título de primer y más genuino arquitecto global es Le Corbusier, tito Corbu para los amigos. Desde él hasta hoy la mayor parte de los arquitectos de prestigio han firmado proyectos en lugares hasta hace no mucho recónditos e inverosímiles. Hay, por tanto, que retrotraerse a tiempos pasados para dar con autores que aún gozando de fama internacional tienen, sin embargo, su obra bastante localizada. Uno de ellos, sin duda, es Giuseppe Terragni, del cual la práctica totalidad de su obra construida se encuentra en Lombardia, más concretamente en la lacustre ciudad de Como y en Milán.


En estas dos ciudades se encuentran sus cuatro obras más emblemáticas, las más publicadas y estudiadas, en definitiva, las que le han hecho valedor de fama mundial. Indefectibles para cualquier amante de la arquitectura son: el Novocomum, la Casa del Fascio, la Guardería Sant'Elia y la Casa Rustici.

Ahora vayamos a lo práctico. Para todos aquellos sectores de mi multitudinario público que vivan en Sevilla o cualquier otra ciudad europea con conexión con Bérgamo vía Ryanair (imprescindible para volar con ellos no tener escrúpulo a sentirse como ganado durante un par de horas) podrá comprobar personalmente los muy tentadores precios del pasaje. Unos euros más costará desplazarnos en autobús hasta Milán, y de ahí podremos recurrir a la amplia oferta de trenes, tranvías, autobuses, trolebuses, etc... todos ellos también a precios muy razonables (no merece la pena arriesgarse a subir sin billete, creedme). Lamentablemente, ahí queda el estímulo económico, Italia sigue siendo Italia, y sus precios también.

Evidentemente, la parte del león se la va a llevar el alojamiento. Aunque algunas webs ofrezcan auténticas gangas, por lo general obligan a hacer reservas online con prepago que pueden salir bien o no. Recurrir a la reserva telefónica cuenta con el inconveniente de que el buen inglés en Italia es casi tan escaso como el tráfico ordenado. Realmente, en este punto, no puedo recomendar nada en concreto, mi experiencia fue poco o nada satisfactoria, exceptuando la estancia en Bérgamo.

Suponiendo que habéis sido lo suficientemente hábiles para dar con un hostal/pensión/albergue/hotel a vuestro gusto y/o capacidades os recomiendo el siguiente plan de viaje. Si llegáis a Bérgamo temprano aún podreis dar una vuelta ese mismo día por el centro de Milán empapandoos del célebre estilo y elegancia de los milaneses.

Al día siguiente id directos a Como desde la estación de Cadorna. En Como se encuentran tres de las cuatro obras citadas, si queréis podéis localizarlas antes en google maps, pero es mucho más divertido poner a prueba vuestro espíritu detectivesco y encontrarlas sin ayuda de mapas. E id tranquilos, no os preocupéis por el tiempo porque hay trenes de vuelta hasta pasadas las 21.00.

De nuevo en Milán, a la mañana siguiente, le toca el turno a la Casa Rustici, pronto comprobaréis que levantaros a las 8.00 de la mañana quizá fuera excesivo pues no ha llegado el mediodía y ya no hay más Terragni que ver. Aquí que cada uno se rellene el día con su programa particular, pues Milán es una ciudad llena de atractivos. Yo lo dediqué a lo que más me gusta, salir de los circuitos turísticos y conocer la vida interior de la ciudad, lo que no aparece en las postales. Como digo, haced lo que os venga en gana, pero eso sí, no olvideis que a la mañana siguiente tenéis que salir para Bérgamo.

Si es posible, hacedlo desde la bulliciosa y sobrecogedora Stazione Centrale. En Bérgamo podréis palpar un ambiente muy diferente al del frenético Milán, os encontraréis en una de esas ciudades medianas sin las cuales Italia no sería lo que es. Notaréis el cambio también en las gentes, en particular si os alojáis en un B&B como el de la señora Agnese, amabilísima y encantadora. Con gente así da gusto pagar los 50 € por noche (90 si van dos personas) que cuesta la pulcrísima habitación, incluyendo un copioso desayuno. Perderse por el centro bergamesco bien merece un día completo. Tengo entendido que algunos vuelos de vuelta son de madrugada, quizá esto sea un poco latoso, pero no es nada que un buen plan no sepa arreglar.

Todo esto que os cuento yo lo conseguí por algo más de 200 €, eso sí, tengo que reconocer que soy un chico muy austero.

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