Nunca ha sido tan válida como hoy la tópica expresión de "el mundo cambia a un ritmo vertiginoso", y no tan sólo por la magnitiud de los cambios, sino por su dispersión por el planeta. La profesión del arquitecto no queda al margen de este proceso, es partícipe de ella plenamente, lo cual supone un reto de enorme complejidad para aquellos que desean formar parte de este nuevo terreno lleno de posibilidades.
Por un lado el arquitecto de hoy tiene a su alcance herramientas que harían las delicias de los genios del pasado. Explicar aquí a estas alturas como los avances tecnológicos en el terreno de la computación y las comunicaciones han revolucionado el modus operandi del profesional no sería más que una redundancia inútil. Mucho se ha dicho y escrito ya al respecto, el dominio sobre estas tecnologías ya no es ninguna novedad, sino que se ha convertido en un estándar de trabajo, estar digitalizado y conectado es algo que debemos ya suponer hasta al menos hábil de los recién egresados. Creo por tanto, más interesante tratar ahora otros cambios que no son tan de dominio público y cuyo alcance definitivo aún no alcanzamos a vislumbrar. Me refiero a los desplazamientos en el eje tradicional de la producción e innovación arquitectónica hacia otras latitudades.
Durante décadas los arquitectos de eso que llamamos Occidente hemos sido educados en una visión euro-céntrica tanto a un lado como a otro del Atlántico. Pese a la pérdida de peso del viejo continente en la esfera internacional, éste ha sabido, sin embargo,mantener su rol protagonista en la innovación, debate y producción arquitectónica. Siempre exportando más ideas de las que importaba, lanzando genios al exilio, definiendo estilos y tendencias a escala global. Esta hegemonía creadora ha seguido vigente e ininterrumpida durante siglos hasta llegar a la actualidad, pero existen motivos más que fundados para creer que nos acercamos a su fin.
Europa más temprano que tarde acabará por ceder su puesto como generadora de ideas y soluciones ante la presión de países emergentes. Si bien hasta ahora han sido equipos liderados por europeos o afincados en Europa los que producen proyectos asombrosos a lo largo y ancho del globo, es razonable pensar que según estos países prosperen la balanza acabará por re-equilibrarse. En este proceso influyen factores económicos, demográficos, tecnológicos, culturales, etc... Por citar sólo algunos pongamos el recorte de distancias en la capacidad tecnológica en muchos países, la transición del gigante chino de potencia imitadora a potencia creadora, el envejecimiento demográfico en Europa, las deslocalizaciones, los constantes intercambios personales, la democratización de la información...
A menudo se cita a China como quien encabeza este proceso de desplazamiento, sin duda por la relevancia adquirida a raíz de los juegos olímpicos de 2008. Pero conviene no olvidar la excepcional relevancia que han adquirido otros países emergentes a una velocidad de vértigo. Es lo que se ha dado en llamar el "Global South", un término que abarca a países que pese a estar alejados culturalmente viven procesos muy semejantes motivados por la adaptación a la economía global.
Se está configurando un potente polo de atracción en el Global South que se expande al Sur de una línea imaginaria entre la frontera de México y EE.UU. hasta las costas de Filipinas pasando por el Mediterráneo, Oriente Medio, India y la ribera del Índico.
De cómo sepamos responder en el futuro al auge y presencia internacional de las Arquitecturas procedentes de estos países dependerá la vigencia del lenguaje arquitectónico europeo como terreno común, o la pérdida definitiva del rol dominante de los profesionales del continente.
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