No caeré en la pretensión de decir que he terminado la lectura de la trilogía Esferas de Peter Sloterdijk, porque si por algo me ha resultado provechoso el (mucho, prefiero no pararme a pensar cuánto) tiempo empleado a estos libros es por haberme permitido elevar a cotas de auténtico virtuoso mis habilidades para la lectura en diagonal.
Podría aquí hacer una breve reseña, o un extenso comentario sobre lo que he leído, pero no creo que ni de lejos alcance la preclaridad y perfección sintética que podréis encontrar en la contraportada de Esferas III. Pero no es sólo mérito del diseñador de la edición para Siruela, una editorial especializada en textos filosóficos, sino más bien del propio Sloterdijk. Y digo bien, si algo he podido extraer de su lectura es que sus libros están sólidamente armados, es decir, tienen una estructura claramente identificable y que se puede resumir y explicar en muy pocas palabras, lo que lo hace perfectamente accesible a un profano en la materia.
Finalmente he comprendido por qué se le tiene como uno de los pensadores más singulares y extravagantes del momento. En su narración, si se me permite la palabra, encontraremos abundantes referencias a la tradición religiosa, algo que yo, oh profano, pensaba ya desterrado de los conciliábulos filosóficos contemporáneos; así como incursiones en múltiples campos, entre ellos la arquitectura, lo cual explicaría su popularidad en este mundillo (recordemos la reciente conferencia en la Harvard Graduate School of Design alalimón con Bruno Latour), pues no es ningún secreto que a los arquitectos se les cae literalmente la baba cuando algún filósofo de renombre escribe sobre ellos. Pero definitivamente son las abundantes referencias literarias las que le singularizan frente otros autores, y más aún, su propia producción literaria. El autor abre los dos primeros volúmenes recreando para nosotros dos escenas cargadas de significados; en primer lugar se trata de un niño creando pompas de jabón, en el siguiente tomo son filósofos discutiendo en torno a un globo. El lector podría quedar sorprendido al comprobar que no hay ninguna escena introductoria en la tercera entrega, porque en esta ocasión será conclusoria. Pero tranquilos no voy a soltar más spoilers.
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